Ponencia
Tercer Encuentro Nacional de Poetas y
Escritores
Coronel-Chile
A Propósito de Golpes y de
Versos
Si García Lorca estuviera vivo
hoy estaría
preso
en las cárceles de España.
El absentismo de mi generación, hoy apuntada con el dedo,
lentamente entra en “El juicio a la literatura chilena.” No veo cómo es posible
hablar de reconciliación nacional y no someter a proceso a la intelectualidad de
mi país, para preguntarle qué hizo mientras se mataba a la nación.
Me es imposible concebir la justificación del crimen con el
silencio. Pese a haber presenciado este comportamiento durante la dictadura de
Pinochet, donde algunos, hoy connotados poetas, se dedicaban a escribir poesía
para ganar concursos literarios, mientras las caravanas de camiones pasaban con
los prisioneros rumbo a los campos de concentración, desde donde muchos no
volvieron, mantengo una actitud de desafío, tan contraria al delito de la
complicidad, y vivo en línea con mis sueños de paz y justicia.
Antes de entrar en materia, no considero necesario hacer
referencia a los aspectos mecánico-químicos de la zona del
hipotálamo; el sistema nervioso autónomo y el sistema
endocrino, como tampoco a los reguladores del sistema nervioso como el calcio.
Me centraré en la percepción y conciencia, resumida bajo el concepto genérico de
noción de realidad.
La noción de realidad y la realidad inmediata son dos
elementos distintos. Existe el poeta que ensueña y recrea el paisaje
circundante, amparándose en la instrumentaria de las diferentes ramas de las
ciencias o el mero saber empírico, pero también esta la realidad inmediata donde
el poeta tiene que respirar, comer, vestirse, trabajar para poder
ser.
Entonces el poeta o mimo, al tomar la
realidad la recrea y la traduce en una idealización del mundo circundante
y es él, el que opta, decide y escoge el sujeto. Pese a la existencia de
elementos normativos externos, el poeta y su conciencia son los que determinan
el objeto que será sometido a observación y recreación.
Entonces, la realidad inmediata es el objeto y la noción de realidad el sujeto o
la resultante de la observación mimética.
 |
| Elías Letelier EPS. (Brigada de Lucha Irregular Simón Bolívar VI Región, Nicaragua) |
Cuando el Estado consiente que vastos sectores
de las masas obreras sean concebidos como antros de antisociales (delincuentes)
y crea metodologías supresoras que se traducen en el uso del castigo:
encarcelamiento, supresión de conductas mediante el dolor y la implantación del
miedo a través de la construcción de atalayas en las calles, reforzamiento de
sistemas de vigilancia y el empleo de los grandes recursos de la electrónica,
entonces nos encontramos ante una sociedad que transforma su
mano de obra y su pulmón productivo en seres despreciables, una especie de
servidumbre que genéticamente está dañada por ser
pobre, donde no se toma en consideración que esta pobreza es
producto de la explotación desmesurada que trasforma al que produce en esclavos
de los propietarios de los medios de producción, por que este tipo de
explotación es una acto deliberado y una normativa social que justifica y rige
la existencia del Estado.
Cuando el poeta no ve esta realidad, no es que esta realidad
no exista, sino que él ha optado por aquello que le permite vivir en armonía con
sus preferencias sociales y en línea con una ideología y pensamiento social
adecuado a sus intereses profesionales, transformándose, por omisión, en el que
aprueba la aberración que opta por negar.
Pese a que la realidad está determinada por elementos
subjetivos e incidentales en el desarrollo de la personalidad y comportamiento
del ser humano, prevalece una noción común que permite establecer un diálogo y
entendimiento entre lo real y lo imaginario. Si bien el poeta, en su necesidad
de comprensión y búsqueda de fórmulas sicoestructurales que le permitan capturar
las observaciones que hace del mundo circundante, opta por un silencio, las
atenuantes del silencio pueden variar, ser justas y justificables dentro de un
lapso de tiempo, el drama es cuando este silencio se transforma en una constante
y en el estándar de una metodología de lenguaje y observación que se traduce en
la omisión de la realidad. El poeta, con esta actitud, es el
invitado a cenar, quien escoge, después de ver el menú, por sólo comerse el
postre.
Si bien la poesía es un instrumento auxiliar que sirve para
entender las aspiraciones de una sociedad, dentro de un periodo determinado, la
noción de realidad en la poesía latinoamericana se sustenta con la negación o
falsificación de la realidad, estableciéndose así una falacia como prototipo del
discurso real y por ende, una errada interpretación de las aspiraciones de las
masas explotadas y de la miseria humana: la utilidad de la poesía se reduce a
una mera tabla de frecuencia o un catastro de estados anímicos al negar la
naturaleza del ser y su realidad.
El arribo de la democracia o los acuerdos democráticos no
dejan de ser eso, meras componendas sociales que no solucionan el problema de
base de la intelectualidad. Es por eso, si se quiere entender la cosmogonía y
realidad social de los periodos oscuros de los países latinos, tomando como
ejemplo a Chile, es necesario establecer dos grandes grupos literarios: los
poetas del silencio y los poetas de la resistencia.
A menudo se incurre en el análisis de la poesía y las
sorpresas estéticas del lenguaje llevan al descuido analítico la base de la
realidad que se describe. La beligerancia política y de supresión de conductas
mediante el castigo, no siempre permiten traslucir los elementos antagónicos
impuestos por la autocensura o complicidad del poeta ante las
normativas legales de las sociedades. En muchos casos, la insolencia del poeta
se traduce en tecnicalidades que elevan a un metalenguaje su
simbolismo críptico, para crear una supraimagen, como una necesidad auxiliar
necesaria, pero, pese al grado de dificultad y tono elevado de los textos, el
poeta siempre mantiene una puerta abierta y crea un verso que sirve como llave
que permite descifrar el desosiego y rebeldía, estableciendo
una pauta que permite la interpretación justa de la obra. Curiosamente, entre
los poetas rebeldes se producen una serie de comportamientos y que van del mero
discurso abierto al encriptarge del verso, que también se
conoce con la vulgarización de poesía hermética.
Cualesquiera que sea el grado de hostilidad externa, por
condicionamiento clásico o instrumental, que se aplique contra la libertad del
poeta, este siempre logrará a aprender a recrear la realidad y en su estado de
autonomía, será capaz de deconstruir todo condicionamiento si opta luchar por
sus sueños.
¿Porqué, de pronto, el poeta reniega de la realidad y miente
con su discurso al no aceptar ni condenar la realidad donde se degrada al ser
humano y tampoco opta por tratar de manifestar otra opción o contraproposición a
esa realidad?
El miedo es el síntoma de un malfuncionamiento social que
trastoca los valores de la realidad, sin implicar la existencia de un
malfuncionamiento de orden colectivo. La causal del miedo puede estar enraizada
en una fuente interna, y ser a su vez estimulada por esta. Es decir, la
presencia del miedo puede tener su origen en una inestabilidad química y estar
determinada por un fuerte estado emocional, etc.
El miedo es un sistema de alarma natural que regula la
conducta del individuo y no necesariamente es la manifestación de un peligro
inmediato, sino que también, un repertorio que puede variar entre el desamparo
que se formula mediante la necesidad de ser protegido, al temor de no ser amado
o que la luna no vuelva a salir. Sólo basta la recurrente utilización del
abandono y el miedo a la soledad como meras fórmulas coercitivas para lograr un
resultado afectivo favorable, que no se lograría obtener de otra manera.
El poeta no está marginado de estas trivialidades, como todo
ser, vive condicionado por el medio y se encuentra profundamente inmerso en
ellas, debido a que trabaja con ideas y el miedo constituye un importante
instrumento o recurso referencial de la realidad: El poeta escribe y esta acción
obedece a una racionalización de los sentidos, los que le permiten discernir y
tomar las imágenes necesarias para describir la idea que quiere hacer llegar al
lector.
La potencialidad del miedo puede llevar al ser humano a
cometer un delito, como resultado de una rebeldía extrema,
destinada a eliminar un peligro inmediato o bien como una reacción que lo puede
llevar a actuar racionalmente y asumir un estado de compromiso con la nueva
realidad, estimulado por el amedrentamiento o el condicionamiento que se sufre.
Esta manifestación puede llevar al individuo, que se siente víctima, a actuar
con una determinación que podría implicar su liberación, o a sufrir el
reforzamiento continuo del castigo que lo llevará a la pérdida de facultades
sensoriales y por ende a limitar su condición de ser libre.
Sin duda que no podemos referirnos al
miedo con la utilización de un discurso maniqueísta, sosteniendo que el miedo,
el dolor y el placer estén separados. Una cosa implica la otra: El miedo es una
condición humana que produce condicionamiento mediante el uso del dolor, y el
dolor es un estado de castigo físico o subjetivo, destinado a la supresión o
modificación de una conducta, como también, el dolor es el placer de quien
somete.
El condicionamiento por el miedo no puede suprimir una
conducta, sólo retardarla hasta que el condicionado aprende a revelarse.
Ahora, para llegar a rebelarse se requiere un nivel de
conciencia que lleve al individuo a luchar por las nociones de realidad que
considera justas y al mismo tiempo ser capaz de confrontar y resignarse a las
adversidades con las cuales se enfrentará y será confrontado.
El poeta cuando escribe tiene que capturar una realidad, y
cualesquiera que sean los fines de su escritura, el miedo se manifiesta con la
duda ante lo que escribe, lo que cree, lo que anhela y sus sueños, como también,
los desafíos que se impone para concluir la obra que traza en su
cabeza.
El miedo es una salvaguarda que puede ser mal utilizada,
dado que es un estado regulatorio de la conducta y por ende, un motor de
funcionamiento cerebral, vulnerable a la manipulación y que regularmente se
utiliza para condicionar la voluntad del ser; sólo basta con observar el
concepto de infierno que se embute en las mentes de los niños.
Pero, los poetas, no necesariamente escriben desafiando las
nociones de realidad, sino que también se evaden en una abstracción y
reconfiguración de lo estético. Estos, con sus obras, sufren de igual forma el
temor que sufre la crítica legal, la que puede llevar al poeta a retardar la
publicación de su obra, al grado de nunca hacerla pública, sino que
reclusivamente.
Este estado de miedo que siente el poeta cuando produce su
obra literaria es necesario, pues lo lleva a un nivel de discernimiento creativo
y a transgredir los aspectos normativos de la realidad. Pero, hay otro miedo
mortal para el poeta y que es la advertencia de una amenaza a la idea o noción
de realidad que el poeta describe o sustenta en su discurso. Frente a este
amedrentamiento, el poeta puede optar por someterse y quedarse en silencio o
defender su noción de realidad y asumir el costo de su acto.
Entonces, la valentía del poeta se traduce en un desafío y
en la insistencia de su noción de realidad, pese a que su obra corre el riesgo
de no ser publicada o ser ignorado en el próximo concurso, ser negado y su
escritura mutilada y ser ridiculizada.
El drama social se produce cuando el miedo es impuesto y
regularizado mediante un reforzamiento de castigo, ya sea este castigo la
negación, la omisión, el maltrato físico, el encierro, la eliminación física y
el desaparecimiento. Aquí, bajo este espectro, muchos optan por ser cómplices,
como una forma cómoda que asegure un fácil camino al reconocimiento.
Curiosamente, como podemos ver en el caso de muchos poetas chilenos de la
dictadura, aunque más tarde desaparece la amenaza o el miedo, el poeta que optó
por ser cómplice, decide continuar con el silencio, condicionado por el placer y
la necesidad de resguardar el peldaño adquirido en el camino al proscenio, Así,
el poeta encubridor conserva su prestigio alcanzado con su silencio y la
negación de la realidad.
Este es el estado más peligroso en la creatividad literaria,
donde el poeta, conciente de las adversidades, opta por defender otra noción de
realidad, empleando el silencio y con ello se transforma en negación de sí
mismo: Necesita congraciarse con el medio para formar parte de él o para
utilizarlo como un trampolín social. Este es el miedo que neutraliza al poeta,
que lo destruye.
De estos poetas los hay en todas las sociedades, a menudo
cumplen el rol de críticos legales, y pese a la ambigüedad de
sus discursos, se ven obligados a perseguir al que disiente. Esto que hacen por
temor les ha permitido alcanzar un importante escenario y por temor se amparan
en normas meramente administrativas, para negar y seguir siendo amigo de quien
aplauden en privado y reniegan en público.
Aquí encontramos al poeta que no tiene más realidad que su
peldaño y al otro poeta que es soslayado y perseguido en los discursos y en los
espacios cuando opta por levantar la voz o representar los matices negados de la
realidad. Lamentablemente la cantidad de poetas que han optado por asumir un
alto nivel de complicidad con el crimen es muy alta, por cuanto la mayoría
reacciona al final, cuando el determinismo social ‘de normalidad’ se establece y
las normas de ese nivel de orden social son un desenlace posible. Tomando esto
en consideración, vemos cómo al final de la dictadura chilena empiezan las
primeras manifestaciones de aquellos que se habían mantenido largo tiempo en
silencio, bajo el discurso “apolítico”. El temor a ser desplazados y la carencia
de discurso que justifique su actitud de complicidad con los crímenes de la
burguesía chilena, los lleva a asumir una breve actitud de “avangarde” social:
El poeta cómplice, para justificar su subsistencia y lograr un espacio, se
prostituye y reniega de sus propios sueños. ¡Miente!
Contrario al poeta que se transforma en el “mephisto” de su
tiempo, encontramos al otro poeta, el que se convierte en un desafío y pese al
miedo que siente, insiste en soñar y luchar por sus sueños. Para poder
conceptualizar esta conducta, primero tenemos que entender los componentes
sociales y la realidad que empuja al poeta a ser poeta.
En muchos casos, ser poeta no implica escribir poesía, sino
que esta función se encuentra ligada a un segundo plano. Ser poeta, para
algunos, también significa una forma de adquirir posición respetable en una
comunidad y para lograrlo, se tiene que mantener una actitud carente de crítica,
libre de opinión social sobre la realidad y transformar o hacer de la poesía una
mera naturaleza muerta, donde no se encuentra el drama ni la cosmogonía de la
humanidad: En una sociedad inmersa en el crimen, las atrocidades humanas se
diluyen en una discursiva estética que gravitan en torno del yo y desprovistas
de toda humanidad.
La inseguridad que padece la colectividad, ya sea ésta una
expresión real o meramente imaginaria no deja de ser otro estadio del miedo
creado por la astucia del Estado, el que sustenta un modelo de sociedad fundada
en el castigo y la exclusión social.
De esta manera, en el Chile de Pinochet, muchos de estos
poetas se dedicaron a ganar concursos literarios, enmudeciendo para ser
laureados, y hoy, estos mismos poetas continúan sin decir nada, cuestionando el
pasado que vivieron durante la dictadura, a manera de situar su postura social
de disociación del silencio mantenido y al mismo tiempo, guardando silencio ante
el gobierno de turno, protegiendo el peldaño que obtuvieron:
“hacer leña del árbol caído”.
Entonces, el poeta perseguido puede preguntar eternamente:
¿Dónde estabas tú cuando a mí me torturaban? ¿Qué dijiste tú cuando me llevaban
a la cárcel? ¿Qué dijiste tú, cuando me prohibieron en todas partes? ¿Porqué no
dijiste nada, amigo poeta, y hoy todavía sigues sin decir nada?
Mientras a los indios les quitan sus tierras y los matan;.
mientras los pobres de Venezuela construyen una sociedad más justa y les tratan
de arrebatar ese sueño de justicia; mientras el pueblo palestino continúa siendo
considerado un bárbaro y vive despojado en su propia tierra; mientras los
revolucionarios comunistas y senderistas, que fueron ilegalmente procesados
continúan en las cárceles del Perú, exentos de justicia; mientras el continente
africano se muere del SIDA y de hambre, mientras en América central matan a los
huérfanos por afear las calles y mientras las cárceles de España se vuelven a
llenar de comunistas revolucionarios y otros poetas siguen entrando a las
cárceles, entonces uno se puede preguntar: ¿Dónde estás tú?
Ahora ya no hablamos de miedo, sino de delito intelectual,
por cuanto esos poetas que ayer falsearon la realidad por omisión, hoy continúan
mintiendo con sus discursos carentes de justicia al optar, fuera de peligro, por
mantener silencio bajo la excusa de, “antes de ser ¡...! primero soy
poeta”.
Para ser poeta se requiere un buen grado de valentía, pero
para que exista la valentía, primero tiene que existir una conciencia social, en
una sociedad sostenida sobre la base del condicionamiento por el miedo. Hay que
aprender a vivir en armonía entre lo abstracto y lo concreto.
En realidad el miedo no debe ser tratado como un elemento
negativo, sino que también como una parte importante de nuestra identidad. Estos
miedos son los miedos del engranaje social, no diferente a los miedos
profesionales de los mecánicos, los profesores y los carpinteros.
El miedo es una preocupación natural del ser humano. No veo
cómo podría ser posible vivir sin miedo, sin que nada alerte al individuo de un
peligro inminente, ya sea al tararear una melodía en público, o preguntarse
sobre el origen de los pájaros, o al tratar de descifrar su amor por la lluvia.
El miedo como base de la conciencia y el discernimiento es una excelente
compañía, pero, la tragedia se produce cuando el miedo es el que regula la voz
del poeta y este deja de mostrarnos sus sueños y renuncia a la reconstrucción de
la realidad mediante el uso de las fórmulas estéticas que construye con su
discurso de omisión y silencio.
Al
concluir, tengo que establecer que, cuando el poeta se guía por el miedo y deja
de luchar por sus sueños, reniega de la realidad y al
hacerlo, la humanidad se queda sola. Por tanto, más allá de la poesía y todos
los niveles de la creatividad, inapelablemente, este postulado es válido para
todo ser libre que cree en la justicia, como primer recurso para alcanzar la
paz.